Hablando mucho sin decir nada: El arte/ciencia de la predicación

La comunicación efectiva puede ser una ciencia al igual que un arte. El hecho de que una persona tenga un llamado o gracia no significa que sean excelentes comunicadores. Lamentablemente, este concepto se confunde frecuentemente en las iglesias. Entiendo que Dios puede en una forma sobre natural hacer de un tartamudo un Moisés. Sin embargo, esto a través de la Biblia fue la excepción y no la norma. Si pensamos en cuantos billones de billones de personas han existido, vemos que un Moisés o un Samuel son una minoría en medio de tan gran multitud. Miremos la figura de Pablo,  quien fue un gran proponente de la fe, un estudioso, y quien además de la gracia, había desarrollado una comunicación efectiva.

La comunicación efectiva se da cuando los canales de comunicación entre el emisor (quien emite el mensaje) y el receptor (quien recibe el mensaje) están abiertos. Es de suma importancia que en el ámbito eclesiástico haya una comunicación efectiva y cuyo contenido sea sustancial y no vano.  Esta es la razón por la cual traigo este tema a colación. En ocasiones, en nuestro rol como predicadores o maestros hablamos mucho sin decir nada. Tal vez podemos responsabilizar  la iglesia, que colectivamente exige un predicador solo por que vio cierta gracia o tal vez culpemos el hecho de que no tenemos los recursos para estudia en seminarios. Sin embargo, este escrito no se basa en seminarios. Sino que creo que el arte/ciencia de comunicación es una responsabilidad innata de todo aquel que desea predicar. Para esto no es necesario grandes universidades, solo gran dedicación y disciplina.

Escogí este tema también por el hecho de que debemos como predicadores tener cuidado ante el hecho que una iglesia llena no quiere decir que somos buenos predicadores. Lamentablemente, a veces las iglesias se desarrollan numéricamente por su capacidad de entretener más que por su capacidad de discipular efectivamente. Sin embargo, el entretenimiento es algo temporero versus el adquirir un fundamento en la fe lo cual es permanente.

Por lo cual quisiera dar los próximos consejos:

1.       Conoce tu audiencia

Esto es un principio fundamental de la comunicación. La iglesia se compone de personas. Tales personas pertenecen a diferentes clases culturales, sociales, económicas y  educativas. Es importante reconocer esto pues de acuerdo a la audiencia debemos desarrollar nuestro mensaje. Hace muchos años, estuve de visita en Venezuela, mientras estaba traduciendo un mensaje en un auditorio cometí ciertos errores al decir palabras que para ellos eran obscenas. Sin embargo, para mí en mi aspecto cultural eran palabras comunes. Yo no me había preparado para mi audiencia.

2.       Reconoce tu gracia

Uno de los errores más grandes y comunes en la iglesia es el tratar de hacer algo de lo cual Dios no nos ha llamado a ser. Comúnmente, ha ocurrido que vemos una persona motivada en la iglesia y automáticamente creemos que tiene llamado de pastor o evangelista. Sin embargo, el hecho de que una persona demuestre cierta gracia o cualidades no quiere decir que tengan un llamado ministerial. Aun dentro de ministerios ocurre esta equivocación. Si eres llamado a pastor, no quiere decir que seas evangelista también. Se agradecido con la capacidad que te ha dado Dios. Una vez conocí a un hombre que decía que era: Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor y Maestro a la vez. Lamentablemente, esto no tiene ningún fundamento Bíblico. En medio del Nuevo Testamento vemos la evidencia de que entre los discípulos había diversidad. Ninguno tenía o proclamaba tener todos los dones. Es más, el Nuevo Testamento promueve la diversidad en la iglesia aun reconociendo la capacidad de ministerios en forma plural y nunca singular. Nunca habla de un pastor o líder máximo, sino de ancianos.

3.       Se responsable a estudiar y prepararte

Creo que somos inspirados por Dios. No quiero menospreciar ese hecho. Sin embargo, somos inspirados por Dios y el Espíritu Santo utiliza el depósito de Su Palabra en nuestro espíritu para esto. Si no te das a leer las Escrituras, ¿Cómo sabrás quien Dios es? Creo que es una irresponsabilidad el no aplicarse a estudiar las Escrituras y prepararse si uno es invitado a predicar. El punto de predicar es enseñar las Escrituras. El no estudiarlas y prepararse hace que uno confié en su propias opiniones y confianza.

4.        Se dedicado a mejorar tu vocabulario

Esto es una que me ha tomado tiempo y esfuerzo. Mi esposa siempre ha sido una crítica directa de mis pláticas. Ella siempre ha tomado la iniciativa de recalcar que esto es una parte importante de la comunicación. Un vocabulario pobre a veces limita la efectividad de nuestros mensajes ante personas. Anualmente en los Estados Unidos se gastan millones de dólares en anuncios y promociones de productos. Estas compañías estriban el presentar sus productos correctamente. Saben que una palabra mal dicha o escrita puede cambiar grandemente la percepción de sus productos o desvalorizarlos.

5.       Aprende el uso correcto de lenguaje corporal

Se ha establecido que un 55% de un mensaje es transmitido por medio de lenguaje corporal. Una persona puede tratar de comunicar audiblemente un mensaje positivo sin embargo su lenguaje corporal puede decir todo lo contrario. Si aun nos sentáramos y tratáramos de ver una película sin volumen, podríamos descifrar gran parte de la película y las emociones de los actores. Por lo cual es importante saber comunicarnos efectivamente aun con nuestros gestos corporales.

6.       Usa un buen tono

Una persona puede tener gran conocimiento y ser aburrida. Se ha estimado que el 38% de nuestro mensaje es transmitido por el tono de voz. Trabaje bajo un buen líder que semanalmente tenía una reunión con todos los empleados. Aunque de todos los jefes era el más amigable, su voz era tan monótona que me daba sueño en cada reunión. En el arte del mensaje es importante usar la voz en una forma dinámica. Hay momentos donde énfasis es necesario y puede ser transmitido por nuestro tono de voz. Igualmente, debemos medir nuestro tono y no crear de la predica una gritería que cohíba la enseñanza.

7.       Comienza con un mensaje convincente e impactante

Un buen comienzo captura inmediatamente una audiencia. Las mejores películas de Hollywood han logrado perfeccionar este hecho. Una predica debe tener un elemento que cree curiosidad en la mente de la audiencia. Algunos predicadores usan una historia como introducción o medios como videos. Esto ayuda a la gente a crear una imagen más clara para el resto del mensaje. Es como el empezar un rompecabezas con las piezas apropiadas.

8.       Mira a las personas a los ojos

Siempre he creído que el mirar a alguien a los ojos expresa sinceridad. Cristo dijo que los ojos son la lámpara del cuerpo. Si nuestro ojo es bueno, nuestro cuerpo está lleno de luz. Mirar personas de una audiencia a los ojos expresa confianza y seguridad.

9.       Use emoción sin descontrolarse

Alguien una vez me dijo: “Cuando el espíritu me toma pierdo el control.” Sin embargo, las Escrituras establecen que el espíritu del profeta está sujeto al profeta. En otras versiones modernas dice que aquellos que hablan de Dios están en control de su espíritu y pueden tomar su turno para hablar. Básicamente, si no puedes controlarte no es de Dios. Creo que es necesario usar nuestras emociones. Las mismas fueron dadas por Dios por lo cual no hay nada malo con ello. Sin embargo, de que vale un mensaje donde el predicador llora corrido por 45 minutos y el mensaje duro 48 minutos. No digo que Dios no pueda dar inspiración para que un mensaje de 3 minutos sea efectivo. Sino que esto sería la excepción y no la norma. Igualmente si una persona solo grita por 45 minutos es muy difícil que la audiencia realmente capte el sentido del mensaje. Me es curioso que en tales ocasiones cuando he visto una predicación de gritos y llantos cuando luego pregunto cómo estuvo el mensaje las personas casi siempre dicen buenísimo. Luego, cuando pregunto de que fue el mensaje, nunca pueden recordar de que en si hablo concretamente el predicador.

10.   Cuente un cuento

Desde niño siempre me gustaron los cuentos. Hoy día es nuestro hábito leerle todas las noches un cuento a nuestra hija. A través de la historia el ser humano ha usado el cuento para transmitir sus historias y cultura. El Antiguo Testamento es un gran ejemplo de esto. Es una composición de cuentos inspirados por Dios sobre la vida real de hombres y mujeres. Aun Jesús uso este método a través de lo que conocemos como parábolas.

11.   No tienes que contar toda tu vida

Aunque creo en la importancia de los cuentos, no debemos tratar de hacer una biografía de nuestras vidas en el mensaje. A veces algunos cuando predican básicamente hacen un recuento de cada experiencia que les ha pasado en la vida. Esto a su vez quita el enfoque de Dios para enfocar al predicador. Aun Cristo mismo no contó cada experiencia de su vida.

12.   Se consistente en el tema, no errático

Una cosa que a mí me frustra inmensamente es un mensaje errático. Hay personas que empiezan hablando de Adán y mencionan cada nombre en la Biblia hasta la bestia de Apocalipsis. Un mensaje errático es como una flecha sin dirección. Esto tiende a no lograr dar en la marca. No todo lo que te viene a la mente mientras predicas necesita ser expresado. La consistencia es un arte necesario. El que no logra tal consistencia solo trae confusión. Desde niños se nos enseña a contar en secuencia y aun el abecedario se enseña de la misma forma. Inconsistencia demuestra un sentido de no estar preparado.

13.   Una predica larga no siempre significa que sea efectiva

Se ha comprobado que la atención de un adulto dura de 30-45 minutos. Sin embargo, hoy nos sentimos mal si predicamos menos de una hora u hora y media. Tal concepto de predicar una hora o más no es efectivo. Se ha comprobado que generaciones de los 1970 en adelante han sido condicionados a un intervalo de 7-12 minutos de programación televisiva seguido por anuncios. Estamos condicionados a tal punto que de cada ciertas millas tendemos a prestar atención a anuncios mientras conducimos. Después de 45 minutos podemos estar confiados de que una gran mayoría de nuestra audiencia esta desenfocada. Por lo cual, es importante que enfoquemos nuestra predicación en un sentido efectivo.

14.   Tenga una buena conclusión

Una conclusión inefectiva es como ver una película a medias o perderse el final.  Nos hace sentir como que caminamos la montaña para darnos cuenta de que no había nada significante. Esto me paso una vez mientras vivía en Corea. Caminamos varias horas para llegar a la cima de la montaña para darnos cuenta que no había nada grandioso en la cima. Para mí fue desconcertante esta experiencia. En mi mente esperaba ver algo majestuoso. Sin embargo, al subir no había nada. Ni aun una buena vista. Una buena conclusión causa que la persona pueda reflexionar en el mensaje con intención de seguir meditando en el toda la semana. Va mas allá de un momento “Wao” para convertirse en un momento que marca una vida por la eternidad.

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